SECRET CITY SAGA, de Jack Kirby


No hace mucho me replanteé la idea de tener un blog sobre cómics y la verdad es que no le encontré demasiado sentido. Lo que en un principió abrí como una herramienta con la que poder foguearme y ganar mayor facilidad a la hora de reseñar, se terminó convirtiendo en un lastre cuando comencé a colaborar en la página web de La Isla de las Cabezas Cortadas semanalmente, aunado a mi trabajo como editor-jefe, redactor y podcaster en Zona Zhero y los estudios/trabajo/vida social. Ya no hay tiempo para el entrenamiento, así que la única vía factible para continuar con este blog era encontrar algún tipo de motivación. Pues bien, creo que la he encontrado. Quizá no sea la gran cosa, pero al menos me mantendrá con la mente activa y las ganas de continuar pese al cansancio visceral que va creciendo dentro de mí con el paso del tiempo. La idea en sí es sencilla: tratar de escribir artículos sobre cómics de distintas editoriales, a poder ser lo más variopintas posible o sobre títulos que son raras avis dentro de la editorial que originalmente los publicó. Independientemente de que sea posible hacerse con ellos en nuestro país. No es un requisito necesario.

Es por ello que no podía encontrar mejor forma de empezar que con una de esas famosas obras que pertenecen al excelso catálogo de la kirbyxploitation que multitud de editoriales independientes (y no tanto) se dedicaron a publicar para atraer a la gente a una trampa que realmente no había guionizado o dibujado el mismísimo Rey del noveno arte. De hecho Secret City Saga es una de esas obras que tanto gustaba al autor americano, en la que comenzaba en diferentes títulos centrados en cada uno de sus tres protagonistas para terminar convergiendo en una serie central que tiraba más de manual de lo previsto. La historia gira en torno al Capitán Glory, Bombast y Nightglider, los elegidos por los novenos hombres para representar a su especie y salvar a los décimos hombres, o también conocidos como homo sapiens sapiens, de un gran mal que será su extinción. Conocedores de este gran peligro, uno tan antiguo y poderoso que también les amenazó a ellos y terminó por matarlos a todos, se sacrificarán para salvar a una especie que no conocen, no entienden y no guardan casi ninguna similitud con ella. Pero no serán los únicos novenos hombres en nuestro planeta, ya que una intensa lucha de intereses por el poder comenzará desde el principio, dejando claro que el Capitán Glory y sus compañeros no lo tendrán nada fácil a la hora de luchar contra sus coetáneos y antiguos familiares o compañeros... ¡Qué comiencen los palos!

No puede faltar el pobre yonki de turno que recibe palo porque sí...

Aunque la premisa pueda parecer atractiva a priori, lo cierto es que el guión de Roy Thomas adolece de ser demasiado plano, predecible y repetitivo. No sé si quiso emular el estilo de historias que solía contar The King, el cual ideó la trama y los personajes principales, pero lo cierto es que se queda en cómic a medio gas que no cuenta absolutamente nada nuevo y, encima, sin gracia. El punto fuerte de Kirby era su manera de darle una vuelta de tuerca a temas principalmente banales y otorgarles ese toque de ciencia ficción clásica atemporal que tan bien funcionaba con su estilo artístico y su narración visual. Y puede que el gran problema de todo este proyecto sea que él no tiene ningún papel activo en nada de lo que se publicó, más allá de ser el creador de la idea principal de ciertos títulos que no consiguieron cabida en otras editoriales, como fue el caso de Pacific Comics. Thomas pone el piloto en modo automático y se dedica a desarrollar la trama original de manera uniforme y monótona, como si no tuviese intención de sacar los pies del tiesto a la hora de aportar algo diferente que enriqueciese el contenido original. Todo ello pese a que cuenta en alguna que otra ocasión con la colaboración de Gary Friedrich o Gerry Conway, pero ni con esas.

Salvo algún par de páginas que sí fueron dibujadas por el gran Kirby, el resto fueron artistas totalmente ajenos al proyecto predefinido. De manera inteligente usaron a Walter Simonson para dibujar el número cero, que se utilizó de propaganda para anunciar el Kirbyverso de la editorial. Sin embargo, ya no volveríamos a saber nada del famoso dibujante americano, pues en los números centrados en los tres protagonistas se encargaron de los lápices autores como Dick Ayers, John Severin, Don Heck o Steve Ditko. De hecho será este último el encargado del apartado artístico de la miniserie original, con la ayuda de Janice Parker en el coloreado final. Si pese a todo este abanico de artistazos clásicos como el que os hemos presentado le sumáis el intento de atraer una mayor cantidad de público con el crossover de Bombast con Savage Dragon, no sería descabellado pensar que nos encontramos ante una de las grandes obras olvidadas del noveno arte. Sinceramente, ojalá fuera este el caso. La realidad es algo totalmente distinta, en el que ni este equipo de dinosaurios del cómic sabe muy bien cómo llevar a cabo un universo creado por Kirby, dejándolo todo en una premisa inicial muy bonita y aseada que no transmite absolutamente nada. Es más, el auténtico reto es intentar leerse todo de golpe sin terminar dando alguna que otra cabezada, debido al hastío que toda la obra rezuma. Y es muy triste...

Y Bill Clinton siempre hace bonito allá dónde lo saques.

Claramente, esto no está publicado en nuestro país. Incluso podría decirse que su publicación original ya fue algo totalmente extraño y fuera de lo común, con una editorial creada a partir de una empresa de cromos de béisbol, fúbol americano, baloncesto o hockey. Porque, señoras y señores, la editorial que publicó todo esto fue Topps Comics que tras vislumbrar que el negocio de los comic-books era más rentable de lo que parecía, se envalentonó para crear su propio sello. Y no se fueron con tonterías, ya que contaban con todo esta materia prima que Jack Kirby había pensado para otras editoriales, además de franquicias televisivas como Expediente X, Parque Jurásico, Drácula, Xena o Mars Attacks, entre otros. Lo que ellos no sabían es que se iban a ver envueltos en una de las peores épocas del noveno arte, en pleno auge de la especulación comiquera. Comenzaron a publicar en 1992 y tan sólo seis años después ya tuvieron que cerrar y centrarse en el negocio original. Dio bastante igual que tuvieran en nómina a una ristra de autores de renombre como los anteriormente mencionados y alguno que otro que sorprendería a más de un fan del medio. Pero los noventa fueron demasiado duros, sobre todo para estas empresas que vieron una manera de conseguir dinero fácil. Llamadlo karma o justicia divina, lo que prefiráis.

En resumidas cuentas, nos encontramos ante una obra que pasó con más pena que gloria debido al bajo nivel artístico, tanto en guiones como en el apartado gráfico. Después de esto hubieron otras series que intentaron continuar con el título de "Kirbyverso", pero lo cierto es que no fueron mucho mejores al bodrio del que hemos hablado hoy. Ha sido un auténtico chasco comenzar la nueva versión del blog de esta manera, pero no me arrepiento de haberlo leído. Más que nada porque mi sacrificio quizá sirva para que alguna persona no caiga en la misma trampa y sepa huir de esto como de la peste. Sea como fuere, esperemos que la siguiente entrega sea más agradable. ¡Muchas gracias por leer!

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